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¿Software de Código Cerrado en la
Ciencia? Adiós, Verificabilidad.
Desde los días más tempranos de la ciencia,
ésta se ha basado en una noción de economía-regalo
que se parece mucho a la del software de
código abierto: los científicos reciben el crédito y el
prestigio por sus descubrimientos, pero no
reciben la propiedad de ellos. Al contrario,
se espera que los científicos publiquen sus
hallazgos en publicaciones abiertas, públicas,
que son accesibles a todos. Estas publicaciones
difunden artículos científicos sólo después
de que la propuesta pasa la revisión de colegas,
en la cual los compañeros del científico
escrutinizan todas las supuestos y cálculos
que produjeron las conclusiones. El editor
de la publicación sacará a la luz un artículo
científico sólo cuando los colegas revisores
concluyan que los métodos subyacentes son
verdaderos. Para asegurarnos, el sistema
no siempre funciona perfectamente, pero -como
en la democracia- es claramente superior
a sus alternativas.
Cada vez más, los científicos comienzan a
darse cuenta de que el uso de software de
código cerrado es una profunda amenaza a
la integridad de la ciencia (Kiernan 1999).
Los programas de cómputo se usan cada vez
más para analizar resultados de investigaciones
o para simular sistemas del mundo real. Sin
embargo, los científicos rara vez hacen que
su software esté disponible a otros científicos
para su escrutinio -e incluso si lo hicieran,
a menudo usan programas de código cerrado
en los que el código fuente subyacente está
protegido por copyrights y secretos de marca. Esta practica atenta
contra el corazón de la ciencia, concretamente
contra la noción de verificabilidad. Para ser aceptados como válidos, todos
los cálculos y supuestos que van en una propuesta
científica deben ser abiertos para escrutinio
público. Pero el software de código cerrado
hace que este escrutinio sea imposible.
Estos son los hechos por los que Dan Gazelter,
un profesor de bioquímica en la Universidad
de Notre Dame, llega a la siguiente conclusión:
los científicos están positivamente obligados a usar software de código abierto, y lo
que es más, el futuro de las actividades
científicas, cada vez más computarizadas,
puede depender enteramente de su decisión
de hacerlo (Gezelter 1999; cf. Wilson 1999).
Cada vez más, los científicos y bibliotecarios
universitarios están desarrollando proyectos
de desarrollo en gran escala para crear más
alternativas de código abierto para su uso
en educación superior (vea el Proyecto Ciencia Abierta y oss4lib).
Pero el solo uso de software de código abierto
es insuficiente. Si el futuro de la ciencia
depende de que los científicos usen software
de código abierto, uno bien podría argumentar
que los colegios y las universidades están
bajo una obligación positiva de retirarse
de infraestructura y software computacional
de código cerrado. Considere esto: muchas
de las instrucciones de los programas computacionales
no hacen mas que lanzar directivas al sistema
operativo; esto es hecho por medio de la
Interfaz de Acceso a la Aplicación(API, por sus siglas en inglés). A fin de
verificar el software científico completamente,
la comunidad científica necesita examinar
la interacción del programa con el sistema
operativo y, sin embargo, Microsoft rechaza
documentar enteramente el API de Windows
y valora a su código fuente como un secreto
comercial inmensamente valioso. Es más, Microsoft
ha iniciado la propuesta de cambios en el código comercial norteamericano que podrían convertir a la ingeniería en
reversa en una actividad criminal.
No es suficiente que los científicos usen
software de código abierto; también deben
usar un sistema operativo de código abierto.
los colegios y universidades pueden ayudar
a asegurar ubicuidad del software de código
abierto y el uso de un sistema operativo
para la ciencia al promover a Linux como
el estándar internacional de la computación
académica.
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